El 6 de octubre, tres días antes de inaugurar la exposición, tuve la oportunidad de compartir el proceso de creación de un ser torcido en arcilla con los chicos del CCLEMS. Admirando cada detalle, cada cerebro alimentándose de la creatividad.
En este taller no hay herramientas: solo las manos, para sentir la arcilla. Primero una esfera, un cilindro, una forma hecha sin pensar. Después, esa forma accidental se convierte en algo: una criatura que no debería existir, con un elemento que normalmente no estaría ahí y que significa algo. Al final cada quien le pone nombre a su ser torcido y cuenta qué sintió mientras lo hacía.
Yo paso por las mesas solo para apoyar. No corrijo ideas: cada pieza es única y significa el sentir de la persona en ese momento. Aquí no buscamos hacer lo correcto. Lo torcemos un poquito.
“A veces nuestras emociones necesitan salir. Y qué mejor que transformándolas en arte. Todos tenemos algo raro, oscuro, visceral y absurdo que necesita expresarse.”
No importa si la pieza quedó bonita, fea, rara o completamente diferente a lo que imaginaron. Lo importante es que ahora existe algo que antes solamente estaba en su cabeza. Gracias al CCLEMS por la oportunidad.